Los falsos beneficios de considerarte una víctima

El victimismo es pegajoso. El victimismo es adictivo. El victimismo es un término peyorativo pero poca gente entiende bien por qué. Las noticias están repletas de víctimas de esto y aquello, incluso de asociaciones de víctimas que tienen peso institucional. La sociedad encumbra a las víctimas y, si te hicieran elegir entre agresor o agredido, sabes que solo con el segundo rol te ganarías el beneplácito de la opinión pública.

Pero vamos a empezar dejando claros los conceptos. Si, por ejemplo, de niño sufriste abusos sexuales por parte de un adulto, fuiste víctima, pero si de mayor tu vida sigue girando en torno a aquello, es victimismo y es de las actitudes más autodestructivas que existen. Es la diferencia entre dejar que un acontecimiento ‘negativo’ te hunda o utilizarlo como impulso para aprender y crecer.

De victimista a verdugo

El problema es que nadie nos enseña a identificar, entender y gestionar nuestras emociones. El autoconocimiento a muchos les suena a charlatanería sacacuartos y prefieren seguir viendo en el mundo un complot con ellos como víctimas en el centro de la diana. Pero detrás de los agresores más atroces podemos encontrar victimistas que no supieron lidiar con lo que les ocurrió y se consideran con derecho a ‘vengarse’.

Pero no hace falta que nos vayamos tan lejos. Si alguien se atreve a decir que nunca se ha dejado arrastrar por el victimismo, yo misma le construyo un monumento. ‘Todos los hombres son iguales’, ‘mira lo mal que me trata mi jefa’, ‘qué horror lo que me hizo mi ex’… son todo frases del lenguaje corriente porque no estamos acostumbrados a responsabilizarnos de lo que sentimos. Pero imagina por un momento que la realidad fuera neutra y el hecho de que te sentara mal un comentario dependiera más de ti que de quien lo ha dicho. ‘Ya, pero a cualquiera le molestaría eso’, me dirás y, si quieres seguir pensando que eres ‘objetivamente una víctima’, no me pelearé contigo porque ese papel te da unos falsos beneficios que todavía crees que necesitas.

Los beneficios de ser víctima

La primera vez que los escuché nombrar fue al psicólogo Xavier Guix y sentí como una inmensa bofetada porque me veía identificada en todos y cada uno de ellos.

– No responsabilidad

El hecho de considerarte una víctima te convierte automáticamente en actor pasivo. Por supuesto que no tienes ninguna responsabilidad de que un señor haya decidido violarte en un portal, pero sí de cómo gestionas emocionalmente ese acontecimiento y qué haces con él. Puedes dejar que la amargura y el odio consuman el resto de tus días o sacarlo, drenarlo, sanarlo y, por ejemplo, ayudar a otras personas que han pasado por lo mismo. Eso tampoco significa que no debas denunciar e ir a juicio, porque de lo que aquí estamos hablando es de tu salud mental y emocional.

– Derecho a la lástima

Cuando quedas con tus amigas y les dices ‘es que mi novio no hace nada en casa, es que mira lo que me dijo el otro día, y no me regaló lo que yo quería por mi cumpleaños…’ estás buscando conectar a través de la lástima. Ya no hablar de las personas que construyen su vida, e incluso su identidad, sobre un acontecimiento dramático. ‘Falleció mi … y desde entonces…’, ‘Me dejó mi mujer…’, ‘Me echaron de ese trabajo y…’, son historias con las que uno se justifica el resto de la vida.

– Compensación

De hecho, ‘como me pasó aquello, ahora tengo derecho a ser todo lo arisca que quiero, a quedarme en la cama el resto de la vida, a engordar 20 kilos y dejar de cuidarme’, podría ser el discurso mental de un victimista si se parara a escucharlo. ‘Y que nadie se atreva a decirme nada porque entonces le sacaré mi historia que me hizo víctima y que sigo reviviendo a día de hoy aunque hayan pasado años’.

– Derecho a culpar

‘Porque se marchó con otra y me dejó’, dices de una ruptura cuando la realidad neutra también se podría interpretar como que la persona con la que compartías tu vida sintió que se había terminado vuestro tiempo juntos y que su camino de aprendizaje seguía con esta otra. Pero no, nosotros nos ponemos en el centro de todo: ‘me lo hizo a mí’. Y para cosas más graves, tampoco tenemos la serenidad de darnos cuenta de que esa persona actuó desde la profunda ignorancia lo mejor que supo y pudo en ese momento. Volviendo a que, si cometió un hecho delictivo, sigue pudiendo ir a la cárcel, pero nuestro corazón estará tranquilo y sereno.

– La vida me debe

Esta es una actitud muy típica del victimismo que yo he visto en mí muchísimas veces: ‘Como tuve unas circunstancias difíciles, ahora me toca que la vida me trate bien’, o mirar a la gente desde la superioridad del ‘tú no sabes nada, porque no te ha pasado lo que a mí’. Esto está muy vinculado a una falsa exigencia de justicia. Creemos que por estudiar mucho, trabajar duro o ser ‘buena persona’ nos ‘merecemos’ ciertas cosas… pero la vida no funciona así, y cuanto antes nos demos cuenta, menos sufriremos.

Todas estas formas de victimismo demuestran que no nos hemos puesto a digerir emocionalmente esos acontecimientos, por eso los seguimos reproduciendo cada día. Después vemos gente con auténticos dramas vitales como Nelson Mandela que, después de 28 años injustamente encerrado, sale de la cárcel con palabras de concordia, o incluso Irene Villa, que perdió las dos piernas y tres dedos en un atentado y es un ejemplo de serenidad y superación.

La sabiduría está en responsabilizarse de las propias emociones, atreverse a entrar en aquello que nos duele, pedir ayuda para sanarlo si hace falta y trascenderlo para convertirse en una versión mejorada de uno mismo.

Cristina Pop
info@cristinapop.es

Periodista y comunicadora